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Nunca creí que fuera posible...

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Hace unos años estaba en una etapa de mi vida en la que todo era estabilidad: un buen curro, salario decente, pareja estable, la agenda llena de planes con amigos...

A pesar de tener todo lo que “hay que tener” para estar bien, sentía que me faltaba algo, sentía como un vacío. Nuestro ritmo de vida, el estrés, las prisas, han silenciado completamente nuestro niño interior. Ese que necesita explorar, superar retos, vivenciar aventuras, llorar de ilusión, reír a carcajadas…


¿Y sabes qué?


Decidí escuchar a ese niño interior. Tomé decisiones basadas en lo que yo quería, no en lo que querían otros. Decidí parar. Cogí la mochila y mi cámara para explorar el mundo.

Hubo gente que me dijo que era una locura, claro. Que cómo me iba a ir solo!! Que el mundo es muy peligroso y tal… Y a mi madre casi me la cargo del disgusto.

Los días previos a coger el primer avión mi cabeza era una montaña rusa de emociones. No te lo voy a negar. Hubo dudas, vértigo, miedo a lo desconocido. Pero también la certeza de que mis ganas de explorar, de emocionarme y de sentirme vivo eran más fuertes.



Y lo hice. Cogí ese avión y me lancé a explorar el mundo.



Entonces ocurrió algo…



El miedo y las dudas se disiparon. La emoción de conocer nuevas culturas y gentes, lugares increíbles y explorar las maravillas de la naturaleza me hicieron desconectar de todo lo que me limitaba.

Aprendí a escuchar a otros y a mi propio cuerpo. A entender mis emociones. Fui consciente de mis puntos débiles pero también de mis fortalezas.

Me considero una persona tímida. Siempre pensé que para viajar debía ir con alguien. ¿Cómo vas a viajar sin conocer a nadie? Pensarás tú también.

Lo cierto es que viajando se conoce a gente super interesante. Todos partimos de cero, sin prejuicios y compartiendo la emoción de sentirnos vivos y libres. Ah! Ya han pasado varios años de ese gran viaje y aún conservo amistades que hice por medio mundo.

Fue la experiencia más poderosa y transformadora de mi vida. Y quiero conseguir que otras personas la vivan también.


De ahí nace un propósito de vida:


Quiero mostrar que se puede viajar de otra manera: con itinerarios flexibles, no repletos de actividades, que nos permitan explorar con calma. Callejear sin rumbo fijo, interactuar con la gente y la cultura y disfrutar del mundo natural de una forma respetuosa.


Viajar solo mola, pero cuando la experiencia es compartida, es brutal !!

Si todo esto resuena en tu interior, si el cuerpo te pide explorar el mundo, únete a nuestras experiencias viajeras!!